El Violeta se asentó


Luego de un mal comienzo en el que estuvo peleado con la suerte, Villa Dálmine consiguió redondear un excelente torneo que le permite estar más que tranquilo con los promedios la temporada que viene y de esta manera encarar de distinto modo el próximo campeonato.

Tras quedar sexto y en la puerta del reducido el torneo pasado, Villa Dálmine sufrió varios cambios a fin de año: Sergio Rondina se fue a dirigir a Arsenal de Sarandí; Juan Celaya, Matías Valdez, Gabriel Sanabria y Nazareno Solís (habituales en el primer equipo) continuaron sus carreras lejos de Campana. Quién llegó a comandar el equipo Violeta fue Jorge Vivaldo que trajo consigo muchos refuerzos entre ellos: Juan Alsina, Gastón Díaz y Mauricio Alonso, a quienes ya había dirigido en Uruguay. 

Pero no todos los cuentos tienen final feliz y en este caso tampoco un comienzo o desarrollo similar. Con El Flaco al mando el equipo nunca encontró una forma de jugar, no contó con esa pizca de suerte que siempre es necesaria y a esto hay que sumarle las malas actuaciones arbitrales que padeció el club. Pese al gran torneo que se realizó en el 2015, los fantasmas comenzaron a rondar por Campana. El promedio no disminuyó abruptamente pero si constante, y aunque nunca hubo un peligro real, se comenzaba a mirar de reojo a un cuerpo técnico que nunca pudo imponer su estilo. Como se decía antes, tampoco tuvo fortuna y fue en varias ocasiones perjudicado por los arbitrajes, ante Independiente y Talleres, por ejemplo.  

En total fueron siete encuentros en los que el equipo no ganó y ni siquiera pudo ponerse en ventaja una vez. El ciclo Vivaldo se cerró después de la derrota 3-1 ante Brown en Adrogué el 13 de marzo. 
Último en la tabla y con tan sólo tres unidades de 21 posibles no era un buen augurio. Pero como el fénix que de las cenizas renace, así lo logro Dálmine con la llegada de Walter Marchesi, por entonces coordinador de inferiores, al banco. 

El primer partido de la nueva fue victoria por 2-1 ante Juventud Unida de Gualeguaychú, siendo esta la única vez que el equipo consiguió sumar de a tres en el torneo, hasta el momento. A partir de allí todo cambio de color para el Viola. El equipo empezó a definir una forma de juego basada en la presión alta y la constante búsqueda de sus delanteros en carrera. 

Desde su asunción, Marchesi realizó dos cambios fundamentales que le dieron parte de la impronta a su conjunto: puso de titular a Federico Recalde y corrió a Renso Pérez al centro del campo. Mientras el primero demostró que las inferiores del club rindieron sus frutos a base de sacrificio, esfuerzo, recuperación y juego, el segundo sacó a relucir su faceta más goleadora terminando el torneo con ocho goles. 

30 unidades de 42 fueron las conseguidas desde el arribo del nuevo cuerpo técnico. Números que en frío son muy buenos y que transformaron una campaña que parecía orientarse a mirar de reojo los promedios en un torneo que lo ubica quinto en esta tabla tan temida. 

Destacar a un jugador como el mejor sería injusto con un equipo que demostró mucho coraje y amor propio para dar vuelta una situación que nunca pareció ser propicia hasta el final. Si cabe recalcar el debut de cinco chicos de las inferiores: Juan Cruz Vera Borda, Federico Acosta, Brian Sabio, Leonardo Cisneros y Juan Cruz Mazzochi, este último convirtió en su primera presentación ante Estudiantes de San Luis por la última fecha.

Si algo le dejó este torneo tanto a los hinchas como al club es que una vez más Villa Dálmine demostró que la categoría no le queda para nada grande y que puede pelearle de igual a igual a cualquier equipo. 
Compartir en Google Plus

Lucas Córdoba