De menor a mayor


Después de una primera mitad de año para el olvido en la que terminó descendiendo, Argentinos cambió el chip. Con un nuevo director técnico, varios refuerzos y otra mentalidad, creció de menor a mayor: comenzó la temporada con una eliminación por penales y terminó el año en puestos de ascenso directo.

Si había alguna posibilidad de que no se prejuzgara a Gabriel Heinze tras su flojo paso por Godoy Cruz, se evaporó en el debut: el Bicho quedó eliminado de la Copa Argentina por penales ante Laferrere, un equipo de la Primera C. De todos modos, hasta el inicio de la B Nacional hubo un mes más de preparación, y allí empezaron a aparecer mejores resultados en los amistosos.

A fines de agosto, el equipo hizo su primera presentación en el campeonato, que terminó en empate 2-2 ante San Martín en Tucumán. Si bien aquella tarde jugó bien y ganó los dos siguientes partidos (ante Crucero del Norte y Estudiantes de San Luis), las primeras dudas aparecieron tras dos derrotas consecutivas ante Villa Dálmine y Guillermo Brown, que para ese entonces estaba muy lejos de ser el puntero de la categoría.

Después de esa mala racha, el Bicho empezó a perfeccionarse. Aparecieron asociaciones entre Iván Colman y Facundo Barboza en el mediocampo, y tanto Javier Cabrera como Braian Romero explotaron su velocidad en los ataques por las bandas. Así, el equipo de La Paternal logró algo difícil para la categoría: a partir de la tenencia de la pelota, generar llegadas claras en gran cantidad. La falla que tuvo a lo largo del semestre fue la efectividad.

En una temporada con un calendario tan intenso, Argentinos logró un equilibrio en los resultados como local y como visitante (es el segundo que más sumó en ambas condiciones).

Otro de los factores claves en el equipo fue la rotación: Torrén, Martínez y Laso alternaron como compañeros de Freire en el centro de la defensa; en el lateral derecho Kevin Mac Allister disputó el puesto con Sandoval y en el izquierdo Benítez hizo lo propio con Piovi; y en el centro de la delantera rotaron Lenci y Fydriszewski. Lo más fijo fue el mediocampo (Rolón, Colman y Barboza), los extremos (Cabrera y Romero) y el arco, cuyo dueño fue Lanzillotta, excepto cuando estuvo lesionado.

Pensando en el futuro, Heinze aseguró que si no hay bajas no quiere refuerzos. En cuanto a lo táctico, el Gringo deberá pensar como contrarrestar la presión alta rival, con la que Los Andes y Nueva Chicago lo complicaron en sus dos últimos partidos como local.


LA FIGURA

No es fácil para un entrenador arribar a un equipo que acaba de descender y que, por su historia, tiene la obligación de volver a la Primera División. Mucho más dificil si en su única experiencia como entrenador no consiguió buenos resultados. Gabriel Heinze asumió el riesgo y a seis meses de haber firmado se ganó el respeto y el cariño de los simpatizantes de Argentinos.

El Gringo confió en su idea de juego: para atacar siempre eligió 3-4-3 y para defender se adaptó al rival. Las premisas: tener la pelota, salir jugando por abajo y evitar los pelotazos, triangular en el mediocampo y esperar el momento para romper la defensa rival y dejar a los de arriba mano a mano. En una B Nacional en la que muchos equipos prefieren cerrarse en defensa y apostar a los contraataques, el estilo elegido por Heinze es lo que le permitió al Bicho ser escolta de Guillermo Brown.

Por Santiago Demartino. 
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Santiago Demartino