Polos opuestos en el rendimiento de Los Andes


Así como ocurrió en el inicio del 2016, durante el final de año, fue la irregularidad la que predominó en el vestuario del Eduardo Gallardón. Con buenas y rutilantes victorias ante equipos superiores, el Milrayitas no pudo asentarse de lleno en el campeonato debido a la pérdida de puntos insólitos, que lo alejaron de la cima del torneo.

Luego de lo que fue el largo párate tras la Copa América, sumado a las grandes dudas en cuanto a si empezaba o no el campeonato, Los Andes comenzó con una gran victoria ante Sarmiento de Junín por los 32avos de final de la Copa Argentina.

Bajo la dirección técnica todavía de Marcelo Barrera, el siguiente partido fue la derrota casi cantada ante Estudiantes de la Plata por 2 a 0, partido en el cual El León impuso toda la jerarquía que significa estar en Primera División y no permitió que el Milrayitas sacara a relucir el juego que le permitió acceder a esta fase.

Ya con la cabeza puesta en el torneo, la primera parada fue una victoria en Pergamino ante Douglas, ciudad en la que Los Andes no ganaba desde hacía más de 30 años. A partir de allí, la debacle en el nivel de los jugadores comenzó a ser notoria, a tal punto que culminó con el ciclo del cuerpo técnico de Barrera. Seis partidos sin ganar y de los cuales cinco terminaron en derrota para los de Lomas de Zamora.

A pesar de la llegada de Aníbal Biggeri al banco de los suplentes del Eduardo Gallardón, sus nuevas ideas no impactaron desde el principio en el equipo, ya que dos de esas seis derrotas fueron bajo sus órdenes. La primera luz que apareció en Lomas de Zamora después de mucho tiempo, fueron los tres puntos ante Boca Unidos, debido a que Los Andes no solo volvió a ganar después de mucho tiempo en el torneo, sino que también corto una racha de más de seis meses sin ganar en condición de local.

Cuatro victorias seguidas como local generaron que la llama de ilusión en la gente se encendiera nuevamente, y más allá de la lejanía en el campeonato, el equipo parecía estar en remontada dispuesto a llevarse cualquier cosa por delante. De visitante, las derrotas o los empates no acompañaban demasiado, pero de igual manera, el fútbol de Biggeri ya florecía desde los pies de los jugadores. 

A falta de dos meses para cerrar el año, la racha de partidos ganados como local se cortó abruptamente y con un rival que en un primer momento se notaba accesible: Juventud Unida de Gualeguaychú. 0 – 4 como local y la aparición de los inadaptados de siempre, los cuales por querer hacerse notar, terminaron quitándole la posibilidad de ir a la cancha a todos aquellos que en verdad sienten los colores Milrayitas

Para dejar atrás la caída ante La Juve, en un trabajado partido Los Andes se trajo los tres puntos de Jujuy ante Gimnasia y a continuación soportó la seguidilla de los grandes de la categoría (Nueva Chicago, Argentinos Juniors, Instituto y Chacarita). Sin arriesgar demás y en búsqueda de no quedarse con las manos vacías, cuatro empates en uno le permitieron a Biggeri mantener enderezado el barco y esperar el cierre del semestre como local ante su gente.

El último rival de cara al final de año fue San Martín de Tucumán, que bajo la dirección técnica de Diego Cagna aparecía en la décima posición de la B Nacional. A pesar de lo que los libros marcaban antes de comenzar el partido, Los Andes marcó el 1 a 0 y se abroqueló en su arco a la espera de la finalización del mismo. De esta manera, los 24 puntos que sumó a lo largo de estas 19 fechas lo situaron en la decimoséptima posición dando muestra de la irregularidad por la que el equipo estuvo rodeado durante estos últimos meses. Ahora, con una nueva pretemporada por delante, el director técnico tendrá la oportunidad de elegir a los jugadores de su plantel y armar el 11 inicial con sus preferencias.

A pesar del irregular andar del equipo en la B Nacional, los 100 años del club abarcan casi el 99% de la cabeza de todos los hinchas, los cuales el primer día del 2017 celebrarán no solo la bienvenida al nuevo año, sino que también el Centenario del Club de toda su vida. 

EL GOLEADOR:

Luego de la excelente primera mitad de año que tuvo Matías Linás (incluso hasta relegó al banco de los suplentes a Rodrigo Salinas), un bajón en el nivel del equipo provocó que su cuota goleadora disminuyera notablemente en este último semestre. Con tan solo un gol en el torneo, una fatídica lesión en el hombro lo sacó de las canchas hasta el 2017. Fue allí que apareció Andrés Vombergar. En primer lugar desde el banco de los suplentes, y más tarde ya desde el arranque. A fuerza de goles se ganó su puesto y la admiración de los hinchas Milrayitas que veían como cualquier pelota que tocara, terminaba dentro de la red. Sus números marcan siete goles en menos de diez partidos como titular y seguramente será una de las cartas con las que cuente Aníbal Biggeri a la hora de planificar el próximo semestre.

LA REVELACIÓN:

Así como pasó con Vombergar, ante la lesión de Luis Zeballos sumado a la salida de Marcelo Scatolaro, el sector defensivo de la mitad de la cancha se vio notablemente diezmado. Aunque ya le había tocado jugar un par de minutos de la mano de Marcelo Barrera, fue Aníbal Biggeri el que confió plenamente en Gustavo Turraca, y éste le respondió de la mejor manera. Con el carácter necesario para ponerse la camiseta de Lomas e ir a pelear cada pelota como si fuese la última, el joven mediocampista generó un amor propio en el hincha, que vio como aquel pibe defiende los colores como cualquiera de ellos querría hacerlo. A riesgo de perderlo en un futuro muy cercano, Gustavo Turraca es una de las joyas criadas en Villa Albertina y parece crecer a pasos agigantados. Por ahora disfrute hincha Milrayitas, pero está claro que de mantener este nivel, Turraca ya será mirado desde otras ligas del continente.

Por Juan Manuel Torraco. 
Foto: Prensa Los Andes. 
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Juan Manuel Torraco