Sin pena ni Gloria


Instituto cerró bien un semestre que comenzó complicado. La Gloria arrancó este campeonato de la B Nacional con la mirada puesta en sumar la mayor cantidad de puntos posibles para no sufrir ningún tipo de problemas con los promedios. Iván Delfino fue el técnico nombrado por la dirigencia para hacerse cargo del equipo de Alta Córdoba y junto con él, llegaron 14 refuerzos.

El comienzo de instituto fue relativamente malo y turbulento: en el primer partido oficial quedó eliminado de Copa Argentina al caer frente Gimnasia de La Plata, mostrando una imagen pobre que se vio repetida en las primeras fechas del torneo logrando tan solo dos victorias en los primeros diez partidos. Los cuestionamientos no tardaron en caer, el equipo estaba al borde de la zona de descenso y el cuerpo técnico era silbado en Alta Córdoba cuando Instituto jugaba de local porque lo hacía mal. Iván Delfino siempre declaró que el objetivo era acumular la mayor cantidad de unidades posibles, pero no encontraba ni el equipo ni el funcionamiento.

La segunda mitad de semestre fue completamente distinta para el elenco Albirrojo. Los resultados y el funcionamiento comenzaron a aparecer para el equipo cordobés: cosechó 18 puntos entre la fecha 12 y la 21, con cinco triunfos, tres empates y dos derrotas. Lo que es más importante aún: el equipo demostró mejoras en relación al juego. Paulo Rosales se convirtió en el líder futbolístico de Instituto, ya que manejó los tiempos en cada ataque glorioso y encontró en Esteban Orfano el socio perfecto. A Gustavo Gotti le tocó ingresar por el lesionado Diego Jara y lo reemplazó con creces: siete goles en ocho partidos para Gottigol, como lo llaman por Alta Córdoba.

Los valores de la cantera albirroja se ven en el campo de juego, ya que la mitad de los habituales titulares son productos de las inferiores gloriosas: Ignacio Antonio y Guido Mainero a base de buenos ingresos se ganaron un lugar entre los titulares, y demostraron junto con Gustavo Gotti el buen nivel de las inferiores que tiene Instituto.

Para esta segunda mitad de campeonato el desafío de Instituto será seguir cosechando puntos, quizás no tanto para escaparle al descenso del que tiene una buena cuota que le permite estar tranquilo aunque no pueda relajarse, pero sí sumará puntos para llegar lo más alto posible, engrosar el promedio y, ¿Por qué no?, pelear un ascenso.

LA FIGURA:

Paulo Rosales demostró ser la manijita de este Instituto: es quien distribuye el juego, quien hace la pausa y asiste a sus compañeros. El encargado de la pelota parada y de los penales demostró ser el verdadero líder futbolístico de este equipo y que no le pesa de ningún modo llevar el número diez en sus espaldas.

El mediocampista de 32 años, ex Unión e Independiente entre otros equipos, con cinco goles en lo que va del campeonato, supo guiar los avances albirrojos. Con Esteban Orfano y Gustavo Gotti (el goleador de instituto) como socios, Rosales es determinante.


La importancia de Paulo para el equipo puede verse en que cuando él tiene una buena tarde, todo Instituto funciona a la perfección, pero cuando no está fino instituto lo siente y no juega bien en líneas generales.

Por Pedro Fraire / @fraiPedro
Foto: Prensa Instituto. 
Compartir en Google Plus

Pedro Fraire