Un premio al buen fútbol



Chacarita, además de lograr el tan ansiado ascenso a la Primera División, dejó una huella imborrable en el fútbol argentino: el buen juego que desplegó en la B Nacional, gracias a los conceptos de Walter Coyette, un técnico que consiguió que los jugadores capten a la perfección su mensaje. 

En una B Nacional con viajes largos y algunas canchas en mal estado, Chacarita junto a Argentinos pudieron desplegar un juego que poco se ve en el fútbol argentino. El Funebrero encontró su identidad desde que llegó Walter Coyette en 2016. Primero, le peleó el ascenso a Talleres. Luego, lo revalidó en el Torneo Nacional 2016/2017 y lo cerró de la mejor manera.

Los jugadores del Tricolor entendieron desde el primer día el mensaje del cuerpo técnico. El buen juego tenía que predominar todos los partidos sea de local o visitante. A veces podía no salir, pero nunca había que renunciar a esa idea que a la larga iba a dar sus frutos. Y así fue: si bien le costó ser regular, Chaca brilló como hace muchos años no lo hacía. 

El arquero, ya sea Emanuel Trípodi o Pedro Fernández, no tenía que ser fundamental debajo de los tres palos solamente, sino que también se tenía que convertir en una opción más para trasladar la pelota. Los defensores tenían que estar precisos para que los mediocampistas puedan recibir bien y desde ahí comenzar a realizar una situación para que los delanteros la puedan meter. Esa es la idea que pregonó Coyette y todo Chacarita en todas las canchas. Un equipo que podía ganar, empatar o perder, pero siempre dejaba algo dentro del campo: buen fútbol.

Para ello, hubo futbolistas que tuvieron que entender a la perfección el mensaje: Fernández, que fue una de las figuras de la primera parte y se lesionó; Trípodi, que fue cuestionado en los partidos iniciales, pero se convirtió en uno de los referentes; Federico Rosso y su garra para luchar con cualquier delantero; Gabriel Lazarte y Nahuel Menéndez, dos jugadores que El Gato potenció con su esquema y, hoy, son indiscutidos en Chaca; Maximiliano Paredes, que en cualquier posición que lo ponen lo hace bien; Diego Rivero, ídolo y pieza fundamental en la primera rueda; Agustín Módula y su perseverancia para lograr ser titular sin discusión; Daniel Ibáñez y su buen juego; Matías Rodríguez, que se pudo hacer fuerte dejando de lado las lesiones y consiguió jugar como el Coquito que conocen en Chacarita; Juan Ignacio Álvarez, un gran proyecto del club que no pudo estar en los últimos partidos; Joaquín Ibáñez, otra promesa de la institución. 

El párrafo aparte es para las cuatro grandes figuras del equipo: Germán Ré y su experiencia fueron fundamentales para el ascenso de Chaca; Miguel Mellado, el cinco que entiende el fútbol a la perfección; Nicolás Oroz, un jugador que no tenía lugar en Racing y El Tricolor le abrió las puertas para que despliegue su magia en San Martín. Y por último, el goleador del fútbol argentino: Rodrigo Salinas, El Potro venía de hacer muy pocos tantos en sus equipos anteriores. En El Funebrero, hizo ¡30 goles en 43 encuentros! y se convirtió en el máximo goleador del club en un torneo.

Gracias a que jugaron como equipo y entendieron el mensaje de Coyette, Chacarita volvió a la Primera División, luego de siete años. Volvió un histórico del fútbol argentino. Volvió un grande y ahora se quiere quedar. 

Por Gastón Rienzi / @GastonRienzi 
Foto: Telám. 
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Gaston Rienzi