Ahí va el hincha... 100 años de Gloria


Ahí va el hincha, con toda la ilusión a cuestas de que su equipo logre una victoria, una de esas victorias claves que son de antología, para colocar a su equipo en la cima de la tabla y al borde de lograr el ansiado campeonato. Ahí va el hincha, siempre acompañando, siempre sufriendo y siempre soñando.

Como este hincha hay otros 38.693 más (lo que da el estadio, nadie más ni nadie menos) que van con la misma ilusión y ganas de lograr la victoria cada partido. 

Ahí va el hincha, caminando por Francisco de Quevedo, cruza General Paz, cruza Tucumán y el pasaje Jofre; estas tres cuadras acompañadas de un fuerte, muy fuerte, olor a choripán que se percibe como uno solo, como si una parrilla inmensa ocupara las tres cuadras así lo percibe uno pero no, son incontables la cantidad de puestitos que hay. Ese chori que te tienta, te frenas y rápidamente pensas que si te frenas vas a llegar tarde, entonces seguís. Adentrado ya en la última cuadra llegas a Sucre y sí, estas donde quisiste estar toda la semana: adentro de la cancha.

Las horas previas al partido, con uno dentro del estadio, es lo más lento que quizás pueda que pasen las horas. Miras el celular una y otra vez, no aguantas más. Deseas a cada instante que pase, hasta que pasa: tu equipo sale a la cancha y la monada se enloquece.

Ver a los jugadores asomar al final del túnel genera una reacción especial en todo el público, todo el estadio canta lo mismo, la misma melodía, los 38.694 son uno solo, son todos un grupo de locos por lo colores, que todos los fin de semana están ahí. No importa si llueve, truene o esté soleado; vos estás.

Ahí ves que están los 11 que van a dejar todo, que quieren dejar los colores bien alto. Se ven los 11 con el conjuntito perfecto, camiseta Roja y Blanca, pantalón y medias blancas, como siempre para diferenciarnos bien de los otros, los 11 van a llevar los colores que todo el estadio lleva vestido.

El partido es uno más. Sufrido como marca nuestra historia, y por supuesto con una ilusión increíble, en niveles extremos. Todas las miradas se posan en uno solo, ese que es diferente, que puede cambiar las cosas en una sola jugada, esos jugadores que siempre tiene La Gloria, esos que nacen del predio La Agustina y son exportados a todo el mundo; todos somos conscientes de esto, por eso no le quitamos el ojo de encima a esos jugadores por todo lo que te transmiten, un segundo de seguridad, de respiro. Todos los hinchas eligen mirar estos cracks, fijarse qué hacen y qué no hacen. Y sí que tuvo grandísimos jugadores Instituto: Kempes, Ardiles, Mastrosimone y Dybala son sólo algunos pocos de los tantos ídolos albirrojos.

A todo momento miras el escudo, pensas en tu historia, en lo que hiciste para venir, es que ese escudo es el que nunca te lo sacas de la memoria porque todo el tiempo estás pensando en él, por eso su forma geométrica, simple, de dos colores, para que no lo olvides nunca. Pensas en todo lo que vivió y en todo lo que le toca vivir ahora, con cien años.

Y en eso es cuando sucede lo que toda tu vida esperaste, el gol que te puede dar el campeonato, es un momento de puro estallido, de locura total, abrazas a tu viejo que te acompañó siempre, te queda fresco el recuerdo de su cara gritando el gol abrazado a vos, el resto casi ni te importa, casi que tampoco te acordás, salvo a toda la monada gritando y un leve festejo de tus jugadores. La locura vivida siempre en Alta Córdoba.

En eso termina el partido, no podes aguantar más tus lágrimas, después de un festejo interminable decidís irte hasta tu casita, allá, bien lejos cosa que recuerdes todo en el camino.

Ahí va el hincha, caminando hasta su casa, pensando en todo lo que vivió, todo lo que lloró, pensando en llegar a su casa y descansar un poco. Pero no descansar del todo, porque siempre estás pensando en La Gloria. 

Ahí va el hincha, pensando en el próximo partido como una rueda interminable, pensando en todo lo que le queda por vivir. Pensando en todo lo que vivió, en los cien años que pasaron y en todo lo que vendrá cien años después de que todo comenzó.

Por Pedro Fraire / @fraiPedro
Edición: Lucas Giménez Vallejo.
Foto: Prensa Instituto. 
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Pedro Fraire