El año de los gritos ahogados



Tras unos meses muy duros, Los Andes cerró su año con una victoria luego de más de ocho meses. Sin embargo, con un nivel muy pobre, sumado a tener un promedio de gol sumamente bajo, deberá buscar variantes serias para poder sortear el descenso en lo que será el 2019. 


Y llegó por fin… El final de un año que pocos recordarán llegó de una vez por todas. Con 12 meses que deben haber resultado eternos para todo aquel hincha que sienta los colores Milrayitas, el 2018 se fue y dejó muchas preocupaciones de cara a lo que será el año entrante. Ubicado en la posición de descenso, la cual comparte con Quilmes, conjunto con el que debería disputar un partido definitorio si la situación tuviera que resolverse en este momento, Los Andes buscará despejar la cabeza y aprovechar el comienzo del 2019 para despegar un vuelo que no para de padecer turbulencias. 

Retrocediendo a lo que fue el mes de febrero, el comienzo de año mostró una de las peores caras en lo que respecta a la institución. La renuncia de Jorge Chizzini, presidente electo, la cual aseguró que se debió al apriete de la barra, daba cuenta de que un mal año se avecinaba. 

Sin hacer demasiada escala, el transcurso de los partidos fueron mostrando el mayor problema del equipo. La falta de gol partido tras partido generó una escases tan importante que llevó al conjunto de Gabriel Lobos a complicarse con los promedios, una situación que a priori parecía controlada. Sin embargo, los diez goles en 13 convertidos durante la primera parte del año no sería la parte más complicada de la película. 

Finalmente, una fecha antes de la finalización del torneo, un empate tras un gran partido ante All Boys permitió que Los Andes mantuviera la categoría y llevó tranquilidad por un par de meses a todos sus hinchas. 

Pero como recién se mencionó, lo peor estaba por venir. Un cambio radical en el plantel, el cual incluyó la partida de alguno de sus referentes, sumado al cambio de cuerpo técnico con tan solo dos fechas del torneo disputadas, fueron el inicio de una debacle sin frenos en las paredes del Eduardo Gallardón. 

Y así comenzó. Dos derrotas seguidas y un muy mal funcionamiento futbolístico trajo consigo la salida de Gabriel Lobos y la posterior llegada de Aníbal Biggeri. El ex Atlanta, de muy buen paso por Los Andes durante el 2017, decidió afrontar nuevamente el desafío de dirigir a Los Andes. Sin embargo, las cosas no fueron como él había planeado. 

Su debut, a pesar de haber sido en el Eduardo Gallardón, finalizó en derrota ante Sarmiento de Junín. Con el paso de los días, las cosas no mejoraron tras empatar ante Brown de Adrogúe y luego con Ferro. Más allá que el ánimo y las ideas parecían tomar un poco más de claridad que en el principio, la suerte era completamente ajena a los de Lomas. 

Una derrota seguido de dos empates acentuó la agonía el entrenador, quien ya a esa altura sumaba seis partidos sin poder conseguir un triunfo. Pero a continuación, la moral y las sensaciones en Lomas de Zamora tuvieron su cúspide negativa. Tres caídas en fila, incluyendo la última ante Almagro, partido que se le escapó literalmente en el minuto final, echaron por tierra todo aquello que las nuevas autoridades habían intentado construir. 

Sin figuras ni mucho menos un goleador consolidado, la última mano fue para Los Andes. Tras partidos de agonía, sufrimiento e incluso más de ocho meses sin poder ganar, el gol de Maximiliano Fornari le dio la victoria en Vicente López ante Platense y generó un breve ademán de sonrisa. 

De esta manera, la última fue la vencida. Aníbal Biggeri, junto con todo su equipo, el cual fue modificando partido a partido en busca de la mejor performance, se quedó con los tres puntos para poder tener unas fiestas con sonrisas. 

Al margen de esto, el 2019 que se viene será un hueso duro de roer en caso de querer permanecer en la categoría. Con no muchos recursos para poder incorporar, Biggeri nuevamente deberá elegir con cautela los refuerzos y así, con trabajo y un poco de fortuna, poder alejar al Milrayitas del tan temido y odiado descenso.

Por Juan Manuel Torraco
Foto: Club Los Andes.


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Juan Manuel Torraco